Complemento — El monje y su tiempo: leer los versos incómodos
El capítulo 5 contiene algunos versos que, leídos hoy sin contexto, desconciertan o incomodan. Este complemento existe para que los leas con las claves que usan los comentaristas: sabiendo qué es instrucción universal y qué es reglamento monástico de la India del siglo VIII.
Un manual escrito por un monje para monjes
Conviene recordar quién habla y a quién. Shantideva era un monje ordenado componiendo, en primera instancia, para la comunidad monástica de Nalanda — hombres célibes sujetos a un código de disciplina detalladísimo (el Vinaya) que regulaba desde la comida hasta la manera de dormir. Parte del capítulo 5 es la traducción al verso de ese reglamento. Por ejemplo:
- Las normas de urbanidad: cubrir el escupitajo, no orinar en aguas de uso común [5, 91], no comer ruidosamente ni con la boca abierta [5, 92], no señalar con la izquierda sino con toda la mano derecha [5, 94], no gritar ni agitar los brazos [5, 95]. Son etiqueta india clásica y disciplina de convivencia monástica: la izquierda era la mano impura, el escándalo gestual signo de descontrol. El principio transferible no es la norma concreta sino su lógica, que [5, 93] enuncia: renunciar «a todo lo que podría traer el irrespeto del mundo» — la conducta del practicante no debe dar motivos de escándalo que alejen a otros de la enseñanza.
- Dormir «como el Guardián (Buda) se acostó para pasar al nirvana» [5, 96]: sobre el lado derecho, la postura tradicional del Buda al morir — y nota el detalle práctico que la acompaña: unirse «desde el inicio a la intención de volver a levantarse con presteza». Hasta el sueño se enmarca entre recordación y propósito.
- La advertencia sobre estar «a solas en un cuarto con la mujer de otro» [5, 93] o la mención de «jóvenes mujeres casaderas» [5, 21]: disciplina célibe y protección de la reputación monástica en una sociedad donde un escándalo destruía la confianza en toda la comunidad. Un practicante laico de hoy traduce el espíritu — cuidar las situaciones que comprometen los propios votos, sean cuales sean — sin importar la letra.
Los versos sobre a quién enseñar [5, 88-90]
El pasaje más chocante para el lector moderno: no explicar el Dharma «a quienes carecen de respeto», a quienes llevan la cabeza cubierta, sombrillas, bastones o armas, «ni lo vasto y profundo a aquellos que son modestos, ni a mujeres sin (la compañía de) un hombre» [5, 88-89].
Contexto, en tres capas:
- Las listas de «señales de irrespeto» (cabeza envuelta, sombrilla, bastón, arma, rostro cubierto) proceden del Vinaya: en la etiqueta india, escuchar la enseñanza en esas condiciones era desdén, como hoy lo sería atender una ceremonia sin quitarse los auriculares. La regla protege la enseñanza de ser tratada como trivial, no excluye a personas: al enfermo se le exceptúa expresamente («sin estar enfermos» [5, 88]).
- «Mujeres sin la compañía de un hombre»: regla de decoro monástico para el monje varón — evitar la situación a solas que generaba sospecha en aquella sociedad —, paralela a la del cuarto con «la mujer de otro». Es disciplina situacional del siglo VIII, no una doctrina sobre la capacidad espiritual de las mujeres; el propio Mahayana afirma la naturaleza búdica de todos los seres sin distinción, y el voto que Shantideva acaba de tomar abraza «a todos los seres errantes» sin excepción [3, 22-23].
- «No lo vasto y profundo a los modestos» [5, 89-90]: este sí es un principio pedagógico plenamente vigente, y de los importantes: adecuar la enseñanza al recipiente. No abrumar con vacuidad a quien necesita fundamentos («no unir al Dharma de los modestos a quienes sean recipientes para las enseñanzas vastas», y viceversa), no rebajar a quien puede más, y respetar por igual las enseñanzas básicas y las supremas [5, 89]. Es, dicho sea de paso, el principio con que está diseñado este curso — y el cuaderno de don Aurelio: «se lee despacio, capítulo a capítulo».
La lección de método para ti como lector: en los textos clásicos conviven tres estratos — instrucción universal (guardar la mente), principio transferible (no dar motivo de escándalo; adecuar la enseñanza al oyente) y reglamento histórico (la mano derecha, la sombrilla). Distinguirlos no es rebajar el texto: es leerlo como lo leen los comentaristas, que llevan doce siglos haciendo exactamente esa criba.
La biblioteca del bodisatva [5, 97-106]
Otro pasaje que merece nota: Shantideva remite a su lector a otros textos — recitar «(el Sutra de) Los tres conjuntos tres veces cada día y (cada) noche» [5, 98] (una liturgia de confesión ante treinta y cinco budas, que continúa el trabajo del capítulo 2), estudiar el Sutra de Akashagarbha [5, 104], y examinar «una y otra vez» el Compendio de entrenamientos (Shikshasamuchaya) [5, 105], que es obra del propio Shantideva: su otro gran libro, una antología comentada de sutras sobre el entrenamiento del bodisatva. La humildad del autor [1, 2] no le impide una única autocita, y es significativa: el Bodhicharyavatara se concibe como parte de un ecosistema de estudio, no como libro único. El verso [5, 102] añade el ancla personal: no abandonar «ni a costa de mi propia vida» al mentor espiritual cualificado. Texto, comunidad y maestro: el trípode clásico de la transmisión.
Dos versos técnicos que retomaremos
- [5, 42] introduce una flexibilidad importante: en ocasiones especiales («momentos de dar», situaciones excepcionales), se permite «ecuanimidad hacia la disciplina ética» — la generosidad puede pesar más que la regla menor. El verso [5, 84] repite la idea: al bodisatva avanzado, «el Compasivo Visionario ha permitido lo que está prohibido (para otros)». La ética del bodisatva es de prioridades, no de casuística rígida: «nunca desecharé lo grande por el bien de lo pequeño; consideraré el beneficio a los demás como lo más importante» [5, 83]. Manéjese con cuidado: el propio texto lo condiciona a la pureza de la compasión [5, 87].
- [5, 101] compacta toda la conducta del bodisatva en una regla de dos líneas que conviene memorizar: «Ya sea directa o indirectamente, no haré nada que no sea por el beneficio de los seres limitados, y solamente por el bienestar de los seres limitados, lo dedicaré todo a la iluminación».