Enseñanza — Los beneficios de la bodichita (capítulo 1)
Don Aurelio le dijo a Vera que no hay manera más rentable de gastar un día que gastarlo en otro, y que lo que uno hace por los demás es «la única cosa que no se gasta al usarla». Sin saberlo —o sabiéndolo muy bien—, estaba resumiendo el primer capítulo del Bodhicharyavatara. Veamos ahora qué dice exactamente Shantideva, y por qué la tradición considera que este capítulo es la puerta de todo el camino.
Por qué el tratado empieza por los beneficios
Podría parecer más lógico empezar definiendo qué es la bodichita, o dando instrucciones. Shantideva no hace ni lo uno ni lo otro: dedica el capítulo entero a elogiarla. Nuestra fuente Visión general del Bodhicharyavatara explica el porqué: «Al principio es necesario generar un sentimiento de inspiración y entusiasmo por las enseñanzas del Mahayana, viendo los beneficios de la bodichita». Nadie emprende un camino de por vida por obligación; hace falta haber visto que la meta vale la pena. El capítulo 1 no es información: es combustible. Igual que Vera no cambió por un argumento, sino por ver a don Aurelio morirse hacia fuera.
Los tres primeros versos, además, cumplen las cortesías clásicas de un tratado indio: el homenaje a los Budas y bodisatvas, la promesa de explicar el tema, y una declaración de humildad que ya comentamos en la introducción: «No tengo nada que decir aquí que no se haya dicho antes […] he compuesto esto para familiarizar a mi mente» [1, 2]. Retén esa palabra, familiarizar: en el budismo, «meditar» y «familiarizarse» son casi sinónimos. El texto entero es un ejercicio de familiarización de la mente, no un catálogo de ideas.
El punto de partida: una oportunidad que no se repite
Antes de hablar de la bodichita, Shantideva habla de ti. Del soporte, dicen los comentarios: la persona capaz de desarrollarla.
«Al haber obtenido este (cuerpo) con libertades y dones, tan difícil de encontrar, que puede satisfacer los deseos de (todo) ser, si en esta (vida) no actualizo sus beneficios, ¿cuándo vendrá después el perfecto don de tener uno?» [1, 4]
Aquí aparece un concepto clásico que conviene definir: la preciosa vida humana (el texto dice «cuerpo con libertades y dones»). En la visión budista, renacemos una y otra vez en circunstancias muy diversas —eso es el samsara, el ciclo de renacimiento incontrolable movido por el karma y la confusión—, y una vida como la nuestra, con salud mental, acceso a las enseñanzas y margen de libertad para practicarlas, es rarísima y fácil de desperdiciar. No hace falta que aceptes la doctrina del renacimiento para sentir la fuerza del argumento: basta la aritmética de don Aurelio. Tus días son finitos, son valiosos, y la pregunta de Shantideva es la misma del maestro: si no ahora, ¿cuándo?
La Visión general señala que la mayoría de comentarios tibetanos leen estos primeros versos como la descripción del doble soporte de la bodichita: el soporte físico (esta vida difícil de obtener) y el soporte mental (lo difícil que es que surja un estado virtuoso). De esto segundo trata el verso más citado del capítulo:
«Tal como un relámpago en una noche nublada y oscura, por un instante, ilumina todo con brillantez; de la misma manera, en este mundo, por el poder de los Budas, rara y brevemente aparece una actitud positiva» [1, 5]
Es el verso que don Aurelio copió al frente de su cuaderno. La imagen es exacta: en la meteorología ordinaria de nuestra mente —preocupación, deseo, inercia, autodefensa—, un impulso genuinamente bueno es un relámpago: real, luminoso y brevísimo. Lo constructivo «es constantemente débil, mientras que las fuerzas negativas son extremadamente poderosas» [1, 6]. Por eso hace falta algo que no sea un relámpago más, sino una fuente estable de luz. Eso, dice Shantideva, solo lo consigue la bodichita.
Qué es exactamente la bodichita
Demos ya la definición formal. Bodichita (sánscrito bodhichitta: bodhi, despertar; chitta, mente o corazón) es la mente que anhela alcanzar la iluminación completa de un buda con el fin de poder liberar del sufrimiento y llevar a la felicidad a todos los seres. Nuestra fuente El sol resplandeciente la define con la concisión de los manuales: «es la intención que aspira a alcanzar la iluminación completa por el bien de los demás».
Fíjate en que tiene dos caras inseparables, como una moneda: mira a la iluminación (quiero convertirme en un buda) y mira a los seres (para poder ayudarlos de verdad). Quitarle cualquiera de las dos la destruye. Sin la mirada a los seres, queda una ambición espiritual privada; sin la mirada a la iluminación, queda buena voluntad sin herramientas — el cariño de quien quiere sacar a alguien del agua sin saber nadar.
Los dos aspectos: aspirar e ir
Shantideva introduce enseguida una distinción que estructura todo el tratado:
«En breve, la bodichita ha de conocerse teniendo dos aspectos: un anhelo por la bodichita que aspira a la iluminación y una bodichita que está comprometida con (alcanzar) la iluminación» [1, 15]
Y da la analogía clásica: «Así como se entiende por la distinción entre aspirar a ir y (realmente) ir» [1, 16].
- La bodichita de aspiración es querer emprender el viaje: «que pueda yo alcanzar la budeidad por el bien de todos». Es ya un estado mental extraordinario, con «grandes frutos» [1, 17].
- La bodichita comprometida (o «de acción», como la llama El sol resplandeciente) es estar ya en camino: haberse comprometido con el entrenamiento del bodisatva y estar practicándolo. Solo esta genera fuerza positiva «sin interrupción, igual al espacio», incluso mientras duermes [1, 17-19].
En la historia lo viste en miniatura: la noche del cuaderno, Vera no se convirtió en otra persona; simplemente movió la carta de carpeta y puso el despertador con curiosidad. Eso es aspiración: el deseo de viajar. El viaje —el compromiso— vendrá después, y de hecho el tratado le dedica los capítulos 2 y 3: primero se aspira, luego se parte. Shantideva insiste en que el orden importa [1, 16].
Una palabra sobre «fuerza positiva»
Ha aparecido ya varias veces la expresión fuerza positiva, y la usaremos durante todo el curso. Es la traducción que emplea nuestro texto raíz para lo que otras traducciones llaman mérito (sánscrito punya): la energía constructiva que una acción beneficiosa deja en la mente de quien la realiza, y que madura en felicidad y en avance hacia el despertar. No es un premio que alguien concede desde fuera; es más parecido a un hábito que se refuerza, a un cauce que el agua va tallando. Cuando el texto dice que la bodichita comprometida hace brotar «una profusión de fuerza positiva, sin interrupción» [1, 19], está diciendo: una vez que tu vida entera apunta al bien de todos, todo lo que haces —hasta dormir— corre por ese cauce.
El catálogo de beneficios
El grueso del capítulo es una cascada de imágenes sobre lo que la bodichita hace. Conviene leerlas despacio, porque cada una responde a una objeción distinta:
Transforma al que la tiene. «Como la creación suprema de un elixir hacedor de oro, este cuerpo impuro, habiendo sido tomado, será transformado en la gema invaluable del cuerpo de un Triunfante» [1, 10]. La referencia es la alquimia: el elixir que convierte metal común en oro. La bodichita es el único «ingrediente» que convierte una vida ordinaria —con su cuerpo frágil, su currículum mediocre, su cansancio— en el camino hacia la budeidad. Nadie necesita ser especial antes de empezar; volverse especial es el efecto, no el requisito. En el momento en que surge, incluso el ser más atrapado en el samsara pasa a ser llamado «descendiente espiritual de los Budas», digno de honra [1, 9].
No se agota con el uso. «Todo lo demás que es constructivo se asemeja a un árbol de plátano: habiendo dado su fruto, se agota. Pero el árbol de la bodichita da frutos por siempre, nunca agotado, crece aún más» [1, 12]. El platanero (banano) muere tras fructificar una vez. Así son las buenas acciones ordinarias: reales pero finitas; se hacen, maduran, se acaban. Don Aurelio lo dijo con su contabilidad de maestro: los viajes se acaban, los ahorros se acaban; lo que haces por otro «no sé dónde acaba». Esa es exactamente la diferencia entre una virtud aislada y una virtud enraizada en la bodichita.
Purifica incluso lo peor. «Aunque hayan cometido actos negativos extremadamente insoportables», quien confía en la bodichita se libera «como al confiar en un héroe cuando se está muy atemorizado» [1, 13]; como «los incendios que acaban con eras», calcina «en un instante, fuerzas kármicas inmensamente negativas» [1, 14]. Este punto prepara el capítulo 2, que trata precisamente de la purificación, y le dará a Vera —que carga una culpa que aún no conocemos— más de lo que espera.
No tiene rival ni precedente. Shantideva hace una comparación sistemática: ¿quién ha deseado jamás para todos los seres la felicidad completa? ¿Los padres y madres, los dioses, el mismo Brahma? Ni siquiera lo han soñado para sí mismos [1, 23-25]. Si desear aliviar «meramente los dolores de cabeza» de los seres ya genera una fuerza positiva insondable [1, 21], ¿qué medida puede tener desear liberarlos de todo sufrimiento [1, 22, 26]? (Para lo anterior, el texto remite a una enseñanza del Buda en el Sutra solicitado por Subahu [1, 20].) Y remata: el mero pensamiento de ayudar es más noble que hacer ofrendas a los Budas; cuánto más el esfuerzo real [1, 27].
Es lo que todos buscan sin saberlo. Quizá el diagnóstico más penetrante del capítulo: «Aunque tienen la mente que desea evitar el sufrimiento, se precipitan al sufrimiento mismo. Aun deseando la felicidad, por ingenuidad, destruyen su propia felicidad como si fuera un enemigo» [1, 28]. Todos queremos ser felices; el problema es de puntería. La ingenuidad (así traduce nuestro texto lo que otras versiones llaman ignorancia o confusión) es ese error de puntería sistemático: buscar la felicidad justo donde se destruye. Vera protegiéndose tras su muro es el ejemplo perfecto: el muro que levantó para no sufrir era lo que la estaba agotando. La bodichita invierte la puntería: satisface, corta el sufrimiento y «hasta elimina su ingenuidad» [1, 29-30].
El cierre: reverencia a los que la tienen
El capítulo termina con Shantideva postrándose, no ante una doctrina, sino ante personas: «Me postro ante los cuerpos de aquellos en quienes ha surgido la gema, el estado mental sagrado. Tomo dirección segura de aquellas fuentes de gozo que se unen para la felicidad incluso de quienes los dañan» [1, 36]. Los bodisatvas responden al daño con un bien que «se incrementa naturalmente» [1, 35]; por eso hasta un pensamiento hostil hacia ellos tiene consecuencias gravísimas, y la confianza en ellos, frutos aún mayores [1, 34-35].
Nota la expresión dirección segura: es la traducción de nuestro texto raíz para lo que habitualmente se llama tomar refugio — orientar la vida hacia los Budas, su enseñanza (el Dharma) y la comunidad de practicantes. Volveremos sobre ella en la próxima sección, donde se convierte en práctica.
Y nota, por último, lo que la historia añadió por su cuenta: don Aurelio nunca le pidió a Vera que creyera nada. Solo se dejó mirar. El capítulo 1 funciona igual: no argumenta la bodichita, la muestra hasta que el lector siente lo que sintió Vera en su cocina — que ha estado pasando corriendo por delante de relámpagos.
Para llevar
- El capítulo 1 existe para encender el entusiasmo: sin haber visto el valor de la bodichita, el resto del camino no arranca (Visión general).
- Bodichita: la mente que aspira a la budeidad para poder liberar a todos los seres. Dos miradas inseparables: a la iluminación y a los seres.
- Dos aspectos en etapas: aspiración (querer ir) y compromiso (ir). Solo el segundo genera fuerza positiva ininterrumpida, pero el primero es la puerta [1, 15-19].
- Fuerza positiva (= mérito): la energía constructiva que dejan los actos beneficiosos; la bodichita la vuelve continua e inagotable.
- Beneficios clave con sus imágenes: elixir que hace oro [1, 10], árbol que no se agota frente al platanero [1, 12], héroe e incendio que purifican [1, 13-14], la mente sin precedente que ni dioses ni padres han tenido [1, 23-25].
- La vida humana con libertades es el soporte, rara y breve como la ocasión de un relámpago [1, 4-5]: si no ahora, ¿cuándo?
En el texto raíz
Lee el capítulo 1 completo (36 versos): la sección «Los beneficios de la bodichita» de Involucrarse en el comportamiento del bodisatva. Si vas corto de tiempo, prioriza [1, 4-10], [1, 15-19] y [1, 25-30]. En El sol resplandeciente, la sección «Generar entusiasmo» comenta estos mismos versos como primera etapa de la preparación para el voto.